viernes, 28 de octubre de 2011

El carácter (séptima parte)

Continuación de las observaciones aportadas por William James (1) respecto al carácter.


Séptima conclusión


“Cómo romper un hábito.
Entre las ideas de James, la más universalmente conocida, y que ha beneficiado a miles de personas, es su consejo sobre cómo vencer los malos hábitos. 'Rompedlos bruscamente y con toda la obstinación posible', solía decir. 'Hablad de vuestra determinación a todo el mundo, y no os permitáis el más ligero desliz'.

     El que suscribe puede dar personal testimonio del valor de esta enseñanza. Hace algunos años, como me hubiese acometido una afección cardiaca, mi médico me ordenó que dejase de fumar. Desde hacía muchísimo tiempo venía yo consumiendo dos paquetes de cigarrillos por día; por tanto, dudaba de mi capacidad para obedecer las órdenes del doctor. Me acordé, empero, del famoso consejo de James, señalé con alguna anticipación la fecha en que me quitaría del tabaco, e informé de mi decisión a todos mis amigos. De ese modo, si claudicaba, el hecho constituiría una pública y humillante derrota. Las primeras semanas de abstención fueron penosas, pero las arreglé para salir adelante con mi plan. No he vuelto a fumar desde entonces.

     James se mofaba de aquellos que tratan de dejar un vicio ‘poco a poco’. ‘Todo entendido en la materia convendrá en que la mejor manera de adquirir una nueva costumbre es adoptarla de súbito, siempre que haya verdadera posibilidad de seguirla. Sorprende, en verdad, cuán pronto muere de inanición cualquier apetito si nunca se le alimenta”.


(1) Psicólogo y filósofo. Nació el 11 de enero de 1842 en Nueva York, murió en Chocoroua, New Hampshire, (EE.UU.) el 26 de agosto de 1910.

Bruce Bliven, “Cada uno modela su propio carácter”, en Selecciones del Reader’s Digest, tomo XLI, número 242, enero de 1961.

Continúa en "El carácter" (octava parte)




miércoles, 26 de octubre de 2011

El carácter (sexta parte)

Continuación de las observaciones aportadas por William James (1) respecto al carácter.

Sexta conclusión:


"Toda cosa que realizamos nos hace más fácil el realizarla de nuevo.
Ello es a causa de que ciertas corrientes eléctricas (en forma no bien comprendida aún) registran todo lo que nos acontece al abrir sendas de comunicación entre las neuronas cerebrales. Cuanto mayor es la frecuencia con que una acción se realiza, más profundas y más anchas (hablando metafóricamente) se hacen esas sendas. Por lo que, según James, el trazar en nuestro cerebro sendas buenas únicamente, es una forma de seguro.

     ‘El hombre que se ha sujetado a diario a ciertos hábitos de abnegación, de atención concentrada e intensa voluntad, se erguirá, firme como una torre, cuando todo se bambolee a su alrededor y cuando otros de sus semejantes, menos fuertes, se vean aventados como la paja al soplo del viento.


Sembrad una acción y cosecharéis un hábito;
sembrad un hábito y cosecharéis un carácter;
sembrad un carácter y cosecharéis vuestro destino'.

Nosotros mismos vamos tejiendo nuestra propia suerte, buena o mala, para jamás destejerla. Todo rasgo de virtud o vicio, aún el más pequeño, deja su huella, nunca demasiado leve.

     El borracho se disculpa de su última calaverada, diciendo: Esta no la cuento. Pues bien, podrá él dejar de contarla, pero ha contado, sin género de duda. A lo largo de sus células nerviosas y fibras musculares, las moléculas la han contado, registrado y almacenado, para esgrimirla contra él cuando venga la tentación siguiente.

     Nada de lo que hacemos, hablando en estricta exactitud científica, habrá de borrarse nunca. Como su lado malo, esta ley tiene también su lado bueno. Así como podemos convertirnos en borrachos a resultas de una sucesión de copitas tomadas separadamente, asimismo las acciones y horas de trabajo, una a una, pueden hacer de nosotros o santos, o sabios o peritos”.


(1) Psicólogo y filósofo. Nació el 11 de enero de 1842 en Nueva York, murió en Chocoroua, New Hampshire, (EE.UU.) el 26 de agosto de 1910.

Bruce Bliven, “Cada uno modela su propio carácter”, en Selecciones del Reader’s Digest, tomo XLI, número 242, enero de 1961.



Continúa en "El carácter" (séptima parte)



sábado, 22 de octubre de 2011

El carácter (quinta parte)

Continuación de las observaciones aportadas por William James (1) respecto al carácter.


Quinta conclusión:


“Modelemos nuestro propio carácter.
James fue uno de los primeros psicólogos que establecieron la teoría, ya hoy reconocida, de que toda sensación física, todo contacto con el mundo exterior, deja una huella permanente sobre los diez mil millones de células del cerebro. Por cuanto estas huellas van acumulándose y la suma total de ellas constituye nuestra personalidad y nuestro carácter. James hace notar con insistencia que debemos esforzarnos constantemente por hacernos dignos de las potencialidades de ese maravilloso mecanismo”.


(1) Psicólogo y filósofo. Nació el 11 de enero de 1842 en Nueva York, murió en Chocoroua, New Hampshire, (EE.UU.) el 26 de agosto de 1910.

Bruce Bliven, “Cada uno modela su propio carácter”, en Selecciones del Reader’s Digest, tomo XLI, número 242, enero de 1961.

Continúa en "El carácter" (sexta parte)



El carácter (cuarta parte)

Continuación de las observaciones aportadas por William James (1) respecto al carácter.

Cuarta conclusión:


"El trabajo vigoriza (cuarta parte)
Cuando trabajamos duro en cualquier cosa, descubrimos con frecuencia nuevas fuentes de energía que pueden aplicarse a otras actividades distintas y resolvernos problemas aparentemente inconexos entre sí.

     De aquí que la intensa aplicación a cualquier cosa, aún si se trata de una afición y de un deporte, contribuya a proveernos de la energía adicional de que estamos necesitados. Inversamente si nos permitimos una pereza excesiva en nuestras horas de descanso, ello nos hará más difícil el reanimar nuestro vigor llegada la hora de volver a la tarea. James sabía bien todo esto por propia experiencia. Él mismo se interesaba en cosas tan diversas que, para encontrar entretenimiento o descanso, no tenía sino pasar de un asunto a otro. (Cierta vez anotó en su diario que estaba estudiando simultáneamente geología, electrodinámica, acústica, la Revolución Francesa, sánscrito, y la filosofía de Charles Peirce).

     Tengo un amigo residente en el campo, que también pone en práctica este sistema. Si se atasca en medio de la redacción de un escrito (cosa que a casi todos los literatos les sucede) pónese a serrar o a hacer leña con el mayor vigor durante un rato. Muchas veces comprueba que, al volver a su escrito, las dificultades que le detuvieron han desaparecido”.


(1) Psicólogo y filósofo. Nació el 11 de enero de 1842 en Nueva York, murió en Chocoroua, New Hampshire, (EE.UU.) el 26 de agosto de 1910.

Bruce Bliven, “Cada uno modela su propio carácter”, en Selecciones del Reader’s Digest, tomo XLI, número 242, enero de 1961.

Continúa en "El carácter" (quinta parte)








viernes, 21 de octubre de 2011

El carácter (tercera parte)


Continuación de las observaciones aportadas por William James (1) respecto al carácter.

Tercera conclusión:

Segundo, tercero y cuarto alientos.

James llegó a sus conclusiones respecto a los puntos de fatiga por el estudio del bien conocido fenómeno del ‘segundo aliento’; aquella manifestación de renovada energía que experimenta una persona en ocasiones y le hace persistir en su labor, sobreponiéndose al cansancio.

     James descubrió que ese fenómeno puede presentarse más de una vez; y habla de la posibilidad de conseguir una tercero y hasta un cuarto ‘aliento’.

     Los resultados obtenidos en semejantes orgías de trabajo son a veces superiores a los alcanzados en una serie de períodos activos menos prolongados; tal vez por la razón de que uno se compenetra tanto con su asunto que lo percibe en su integridad.

     James mismo nunca empezada a escribir si antes no se aseguraba por lo menos un día entero sin interrupciones, y preferiblemente, dos o tres días. Encerrado en un aposento (a menudo en el desván), se aplicaba al trabajo con vehemencia, persistentemente, espoleándose así mismo de un punto de fatiga a otro, cubriendo el piso de cuartillas.

     Lograba mucho más de esta manera que lo que habría conseguido tras muchos comienzos e interrupciones pues no tenía que emplear la mitad de su tiempo en llegar a engolfarse de nuevo en su materia, después de cada interrupción".



(1) Psicólogo y filósofo. Nació el 11 de enero de 1842 en Nueva York, murió en Chocoroua, New Hampshire, (EE.UU.) el 26 de agosto de 1910.


Bruce Bliven, “Cada uno modela su propio carácter”, en Selecciones del Reader’s Digest, tomo XLI, número 242, enero de 1961.


Continúa en "El carácter" (cuarta parte)







lunes, 17 de octubre de 2011

Los 60 (años)

El 22 de marzo de 2011 hemos recibido por correo electrónico uno de tantos mensajes que llegan a nuestra bandeja de entrada. Algunos son portadores de buenas noticias y otros no tanto. Por su importancia, originalidad y buen ojo observador, quisimos compartir éste contigo. Luego coméntanos qué te pareció.


Tener 60 en el siglo XXI
(anónimo hasta que aparezca su autor)

Si miramos con cuidado, podemos detectar la aparición de una franja social que antes no existía: la gente que hoy tiene alrededor de sesenta años. La sexalescencia.

     Es una generación que ha pateado fuera del idioma la palabra "sexagenario", porque sencillamente no tiene entre sus planes actuales el hecho de envejecer.

     Se trata de una verdadera novedad demográfica parecida a la aparición en su momento, de la "adolescencia", que también fue una franja social nueva que surgió a mediados del siglo veinte para dar identidad a una masa de niños desbordados, en cuerpos creciditos, que no sabían hasta entonces dónde meterse, ni cómo vestirse.

     Este nuevo grupo humano que hoy ronda los sesenta, ha llevado una vida razonablemente satisfactoria. Son hombres y mujeres independientes que trabajan desde hace mucho tiempo y han logrado cambiar el significado tétrico que tanta literatura rioplatense le dio durante décadas al concepto del trabajo.

     Lejos de las tristes oficinas, esta gente buscó y encontró hace mucho la actividad que más le gustaba, y se ganó la vida con eso.

     Supuestamente debe de ser por esto que se sienten plenos... algunos ni sueñan con jubilarse. Los que ya se han jubilado disfrutan con plenitud de cada uno de sus días sin temores al ocio o a la soledad, crecen de adentro en uno y en la otra. Disfrutan de su tiempo libre, porque después de años de trabajo, crianza de hijos, carencias, desvelos y sucesos fortuitos bien vale mirar el mar con la mente vacía o ver volar una paloma desde el departamento de un quinto piso.

     Dentro de ese universo de personas saludables, curiosas y activas, la mujer tiene un papel rutilante. Ella trae décadas de experiencia de hacer su voluntad, cuando sus madres sólo podían obedecer y de ocupar lugares en la sociedad que sus madres ni habrían soñado con ocupar.

     Esta mujer sexalescente pudo sobrevivir a la borrachera de poder que le dio el feminismo de los años 60, en aquellos momentos de su juventud en el que los cambios eran tantos, pudo detenerse a reflexionar qué quería en realidad.

     Algunas se fueron a vivir solas, otras estudiaron carreras que siempre habían sido exclusivamente masculinas, unas eligieron tener hijos, otras eligieron no tenerlos, fueron periodistas, atletas o crearon su propia personalidad. Pero cada una hizo su voluntad.

     Reconozcamos que no fue un asunto fácil y todavía lo van diseñando cotidianamente. Pero algunas cosas ya pueden darse por sabidas, por ejemplo que no son personas detenidas en el tiempo; la gente de sesenta, hombres y mujeres, maneja la "compu" como si lo hubiera hecho toda la vida. Se escriben, y se ven, con los hijos que están lejos y hasta se olvidan del viejo teléfono para contactar a sus amigos y les escriben un e-mail con sus ideas y vivencias.

     Por lo general están satisfechos de su estado civil, y si no lo están, no se conforman y procuran cambiarlo.

     Raramente se deshacen en un llanto sentimental.

     A diferencia de los jóvenes; los sexalescentes conocen y ponderan todos los riesgos. Nadie se pone a llorar cuando pierde: sólo reflexiona, toma nota a lo sumo... y a otra cosa.

     La gente grande comparte la devoción por la juventud y sus formas superlativas, casi insolentes de belleza, pero no se sienten en retirada. Compiten de otra forma, cultivan su propio estilo...

     Ellos, los varones, no envidian la apariencia de jóvenes astros del deporte, o de los que lucen un traje Armani, ni ellas, las mujeres, sueñan con tener la figura de una vedette.

     En lugar de eso saben de la importancia de una mirada cómplice, de una frase inteligente o de una sonrisa iluminada por la experiencia.

     Hoy la gente de 60, como es su costumbre, está estrenando una edad que todavía no tiene nombre. Antes, los de esa edad eran viejos y hoy ya no lo son, hoy están plena física e intelectualmente, recuerdan la juventud, pero sin nostalgias, porque la juventud también está llena de caídas y nostalgias y ellos lo saben.

     La gente de 60 de hoy, celebra el sol cada mañana y sonríe para sí misma muy a menudo... Quizás, por alguna razón secreta que sólo saben y sabrán los de sesenta en el siglo XXI.



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domingo, 16 de octubre de 2011

El carácter (segunda parte)

Continuación de las observaciones aportadas por William James (1) respecto al carácter.

Segunda conclusión:


“Retardemos el punto límite de fatiga.
James aportó convincentes pruebas de que los más de nosotros nos ‘cansamos’ todos los días, no a causa del esfuerzo realizado efectivamente, sino a causa de habernos formado el hábito de sentirnos fatigados a hora determinada o después de cierto gasto de actividad.

     A este límite autoimpuesto lo llama James ‘punto de fatiga’; y nos demuestra que ese punto está muy lejos del verdadero agotamiento. ‘Algunos estamos cansados’, dice ‘pero otros muchos no lo estamos en realidad, sino que hemos dado en el desdichado prurito de sentirnos cansados porque nos dejamos llevar por determinados hábitos de vocalización y la expresión’ (es decir, de hablar o conducirnos como si realmente lo estuviésemos).

     Solemos considerarnos agotados al final de nuestra diaria labor, por ejemplo; y así, llegado ese momento, caminamos o nos arrastramos con aire de fatiga, adoptamos una expresión de cansancio, o hablamos a otros de lo fatigados que estamos, y todo eso nos hace sentirnos cansados. Se trata apenas de un mal hábito. Observa James que ‘el hombre más ocupado no necesita más horas de descanso que el ocioso. Por lo común, los hombres emplean tan solo una pequeña parte de la energía que efectivamente poseen’.

     Afirma que la mayoría de las personas pueden, si así lo desean, retardar su punto de fatiga por el procedimiento de tomar nota de la hora del día en la que se juzgan agotadas, y esforzarse adrede en proseguir la tarea hasta hora más avanzada cada día, y así fijarse un nuevo límite de fatiga. El organismo se acostumbra a que se le exija un poco más cada día, y uno se habitúa a producir más un esfuerzo excesivo”.




(1) Psicólogo y filósofo. Nació el 11 de enero de 1842 en Nueva York, murió en Chocoroua, New Hampshire, (EE.UU.) el 26 de agosto de 1910.


Bruce Bliven, “Cada uno modela su propio carácter”, en Selecciones del Reader’s Digest, tomo XLI, número 242, enero de 1961.



Continúa en "El carácter" (tercera parte)




viernes, 14 de octubre de 2011

Mejora tu salud con la bicicleta

Tras varios estudios se ha descubierto que el montar en bicicleta aumenta de manera exponencial la buena salud. Para ello prueba engancharte a los pedales y notarás los beneficios que tiene montar en bicicleta. Se dice que los que montan en bicicleta se ahorran muchas visitas al médico.


     Para todos aquellos que usan sus bicicletas para tener un estilo de vida saludable, que sepan que montar en bicicleta de forma regular reducirá en un 50% el riesgo de infarto. Otra ventaja que tiene montar en bicicleta es la reducción del colesterol LDL.

     El cerebro es capaz de oxigenar más y te permite pensar con más facilidad, tu cuerpo puede segregar hormonas que pueden ser adictivas, por lo que te haría sentir mejor siempre. Los que montan en bicicleta sufren menos enfermedades depresivas y psicológicas.

     La tabla que te mostramos a continuación os dará las bases para vuestro entrenamiento con lo que queráis conseguir:

  • 10 minutos: Mejora articular 
  • 20 minutos: Refuerzo del sistema inmunitario 
  • 30 minutos: Mejoras a nivel cardiovascular 
  • 40 minutos: Aumento de la capacidad respiratoria
  • 50 minutos: Aceleración del metabolismo 
  • 60 minutos: Control de peso, antiestrés y bienestar general.


Aporte de
Sonia del Álamo, Madrid, España
Contacto: webs.amigas.8@gmail.com




miércoles, 12 de octubre de 2011

El carácter (primera parte)

Bruce Bliven escribió para Selecciones del Reader’s Digest un artículo sobre el educador y psicólogo William James (1), y ha incluido en ella algunas de las muchas observaciones que debemos tener en cuenta a la hora de conocer el mundo íntimo que todos habitamos.


     Se trata de la semblanza y obra de una persona que estuvo al borde mismo de la muerte, por depresión o por su debilitada salud. No obstante, poniendo en práctica sus ideas venció esos impedimentos y se irguió como una de los pilares más importantes dentro del campo de la psicología.

     “Ningún hombre de ciencia nos ha dejado tantas advertencias prácticas respecto a cómo aprovechar mejor nuestra vida, cómo usar nuestras energías constructivamente, cómo llegar a ser en nuestro trabajo productivos y creadores. (…) Nosotros los modernos buscamos tan a menudo la ayuda del psiquiatra, que tal vez hayamos olvidado lo mucho que nos podemos ayudar nosotros mismos”.

     Hemos traído para ti los párrafos más sobresalientes de ese artículo publicado hace más de cincuenta años: enero de 1961. Enseñanzas y consejos para perfeccionar nuestra actividad diaria y, sobre todo, modelar nuestro carácter.

“William James fue el fundador de la moderna psicología experimental, un filósofo verdaderamente creador, un gran maestro, más grande todavía como ser humano.


     ¡Experimentar ¡Explorar! ¡Cambiar! ¡Madurar! Tal es el meollo de su doctrina y también de su propia personalidad; porque durante su vida entera se sintió arrebatado por una insaciable curiosidad de conocer todos los aspectos de la vida humana. Su escuela psicológica exaltaba la confianza en sí mismo y la formación de la personalidad creadora. Aconsejaba reiteradamente a sus amigos que tratasen siempre de hacer algo nuevo: escribir un libro, cruzar el océano, ensayar una nueva ocupación, cambiar su cotidiana rutina. (…)


     James se labró su propia personalidad, extraordinariamente exuberante. Siempre fue de salud frágil. Su inquieto progenitor (Henry, acaudalado dilatante, escribió graves tratados de filosofía) le llevó consigo por todos los Estados Unidos y Europa, con lo que no permaneció en la misma escuela por espacio de más de unos meses.


     En la adolescencia sufrió períodos de depresión, a veces tan honda que pensó en el suicidio; y, posteriormente, forzó su corazón al extremo tal que a punto estuvo de quedar inválido. En largos lapsos el simple esfuerzo de escribir una carta lo obligaba a meterse en cama el resto del día.


Primera conclusión:


Dominemos las emociones con la acción.
El lector puede fácilmente comprobar por sí mismo uno de los más preciados hallazgos psicológicos realizados por James. Póngase delante de un espejo, apriete los puños, frunza el ceño y enfoque imaginariamente su enojo contra algún individuo por el que sienta fuerte antipatía. Al cabo de un minuto o dos, se sentirá encendido en cólera.


     James fue quien descubrió este principio: que las manifestaciones físicas de nuestra emoción intensifican enormemente la emoción misma. La razón para ello es en parte fisiológica. Cuando uno cierra los puños su cerebro recibe automáticamente de las manos señales que le dicen: ‘La situación es tirante. Prepárate a la lucha’. Cuando uno llora o ríe, su cerebro recibe señales de tristeza o alegría de sus músculos faciales. Así pues, las cosas que uno hace ayudan a determinar de qué manera siente. Uno se encoleriza, en parte al menos, a causa de que descarga un golpe; está triste, en parte a causa de que llora; tiene miedo, en parte a causa de que sale corriendo.


     Este descubrimiento científico entraña grandes consecuencias prácticas: por la imitación consciente de las actitudes físicas o acciones que acompañan a ciertos estados mentales, podemos, hasta cierto punto, inducir en nosotros tales estados. ‘Para estar contento’, aconseja James, ‘yérguete contento, mira en torno alegremente y condúcete como si la alegría ya te inundara. Para sentirte valiente, obra valientemente, y es muy probable que la emoción del valor remplazará al sentimiento del miedo”.


(1) Psicólogo y filósofo. Nació el 11 de enero de 1842 en Nueva York, murió en Chocoroua, New Hampshire, (EE.UU.) el 26 de agosto de 1910.


Bruce Bliven, “Cada uno modela su propio carácter”, en Selecciones del Reader’s Digest, tomo XLI, número 242, enero de 1961.


Continúa en "El carácter" (segunda parte)



viernes, 7 de octubre de 2011

La ansiedad

La ansiedad tan temida

Antes de arribar a este tumultuoso III milenio, la OMS vaticinó que la dupla depresión ansiedad serían las plagas del siglo XXI, y no se equivocó.

     Es que la OMS no recurre a los astrólogos ni a las profecías de los mayas, utiliza información recogida de los servicios de salud de todo el mundo y con esos datos establece predicciones estadísticas proyectivas que publican para generar algún sentido de previsión y no para alarmar inútilmente a la gente.


     La ansiedad es una perturbación de la mente que termina afectando al cerebro y entonces se transforma en una patología mixta, a mitad de camino entre lo físico y lo anímico. La Psicología no es una ciencia acabada, varias teorías y enfoques intentan explicar desde sus propias premisas qué es la ansiedad.

     En general, ansiedad y angustia son casi sinónimos, aunque algunos autores digan que la angustia es el componente mental, y la ansiedad el componente físico. Las modernas teorías neurobiológicas aceptan que en la ansiedad hay un desequilibrio de los neurotransmisores, que son sustancias químicas presentes en el tejido cerebral que funcionan como vehículos para la comunicación entre las células nerviosas. Pero esto no resuelve el problema, porque alguien avieso todavía podría preguntar: ¿Y por qué se desequilibran esas sustancias?, y la pregunta sobre el origen de la ansiedad seguiría sin contestar.

     Las teorías psicoanalíticas tienen una explicación: Freud decía que la ansiedad es la expresión mental de un conflicto interno, una especie de lucha dentro de cada uno entre partes de la mente que no están de acuerdo. Por ejemplo, si yo quisiera ser rico como me instiga continuamente la TV a través de la publicidad, podría asaltar un banco para conseguir fácilmente mucho dinero, pero mi conciencia moral me lo prohíbe y además, afuera, el mundo en el que vivo, tiene códigos civiles, policías, jueces, cárceles… todo un sistema de seguridad que se opone a mis planes. Eso conforma un conflicto: la lucha entre mi deseo y las fuerzas que se le oponen, el sufrimiento que me causa no poder hacer lo que quiero, se traduce como ansiedad.

     Pero estos motores no están a la vista, tanto las cosas que deseo vehementemente como los controles que ejerce la mente son mayormente inconscientes, están sumergidos en lo profundo de la personalidad y por más que lo intente, seré siempre el último en conocerlos, porque por algo la mente consciente ya los empujó al sótano.

     Por eso se necesita la ayuda de una psicóloga o psicólogo para llegar a conocer estas fuerzas que me hacen sufrir con ansiedad pero que yo no conozco. Porque la ansiedad rápidamente “pasa” al cuerpo alterando las funciones automáticas del organismo: respiración, circulación, tono muscular, digestión, etc. Y por esa causa aparecen las palpitaciones, taquicardia, hipertensión, temblores, falta de aire, náuseas, sensación de atragantamiento, constipación, y miles de síntomas más que acompañan a la ansiedad cuando se instala en nuestras vidas.


Alejandro Bovino - Psiquiatra
Contacto: talomac@gmail.com